Sobre el concepto de Literatura en Aristóteles

Aristóteles, Poética (I, 1447a)



Rembrandt, Aristóteles
contemplando el busto de Homero
, 1653
Piénsese además que la definición, completamente conceptual, que Aristóteles formula de la Literatura en su Poética está determinada por la mímesis como principio generador del arte. De hecho, Aristóteles no da a lo que hoy llamamos literatura una palabra específica, sino que la define a través de una perífrasis cuyos términos clave son arte, imitación y lenguaje, es decir, la cualidad, el procedimiento y el medio. En suma, estamos ante una definición descriptivista de los materiales literarios, cuyo modelo, la realidad, la naturaleza, se estima dada al ser humano de forma acrítica y apriorística. El ser humano contempla una naturaleza que no es obra suya y que, mediante el uso de diferentes modos de reproducción o imitación (la palabra, el color, la forma, el sonido, el volumen, etc…), va describiendo a través de medios poéticos (literatura), verbales (retórica), cromáticos (pintura), acústicos (música)…, para lograr fines diversos, desde la catarsis o purgación de las emociones hasta la educación científica o moral de cada miembro de la polis. 
He aquí el fragmento de la Poética, de interpretación tan discutida por exegetas modernos como E. Lobel, R. Kassel o el propio V. García Yebra —F. Überweg llegó a suprimirlo en su edición del texto en 1870—, en que Aristóteles advierte lo siguiente: 

El arte que imita sólo con el lenguaje, en prosa o en verso, y, en este caso, con versos diferentes combinados entre sí o con un solo género de ellos, carece de nombre hasta ahora. No podríamos, en efecto, aplicar un término común a los mimos de Sofrón y de Jenarco y a los diálogos socráticos, ni a la imitación que pudiera hacerse en trímetros o en versos elegíacos u otros semejantes. Sólo que la gente, asociando al verso la condición de poeta, a unos llama poetas elegíacos y a otros poetas épicos, dándoles el nombre de poetas no por la imitación, sino en común por el verso. En efecto, también a los que exponen en verso algún tema de medicina o de física suelen llamarlos así. Pero nada común hay entre Homero y Empédocles, excepto el verso. Por eso al uno es justo llamarle poeta, pero al otro naturalista más que poeta. Y, de modo semejante, si uno hiciera la imitación mezclando toda clase de versos, como hizo Queremón su Centauro, rapsodia compuesta de versos de todo tipo, también había que llamarle poeta. Así, pues, sobre lo que antecede valgan estas distinciones. Pero hay artes que usan todos los medios citados, es decir, ritmo, canto y verso, como la poesía de los ditirambos y la de los nomos, la tragedia y la comedia. Y se diferencian en que unas los usan todos al mismo tiempo, y otras, por partes. Éstas son, pues, las diferencias que establezco entre las artes por los medios con que hacen la imitación (Aristóteles, Poética, I, 1447a 28 - 1447b 30).

Los griegos no disponían de una palabra para designar lo que modernamente identificamos como literatura. Aristóteles había hablado del “arte que imita sólo con el lenguaje”, al tratar de diferenciar las diferentes formas del arte a partir de los medios utilizados por cada una de ellas. La literatura sería, pues, un arte que imitaba la realidad por medio del lenguaje de las palabras. 
No debemos olvidar que la poética nace con objeto de explicar las posibilidades de construcción una acción imaginaria. La fábula era el lugar primigenio del que emanaba lo poético, y la literatura, palabra desconocida para los griegos, en su intento de designar las artes que mimetizaban la naturaleza mediante el lenguaje, estaba comprometida origi­nariamente con la producción (poiésis) de un discurso destinado a imitar (mímesis) una fábula o acción humana (mythos). Se configuraba así un discurso imaginario y utópico, fuente de la expresión literaria, que frente a los impulsos de la retórica, disciplina orien­tada a los ejercicios de persuasión, basados en la lógica de la dialéctica y de los topica, se apoya en la poética, es decir, en la teoría de la literatura, como forma principal de expli­cación de una realidad esencialmente imaginaria. 
Como resulta fácilmente observable, la Teoría de la Literatura nace reconociendo en la Literatura una construcción genuinamente humana, explícitamente racional y, como no podía ser de otro modo para un griego del siglo del siglo IV a.n.E., determinada por un ejercicio de libertad sobre los fundamentos de la ciudad-estado, los cuales sirven de modelo a la política ateniense frente a las satrapías persas, prototipo para los helenos de lo que era una sociedad bárbara.

Jesús G. Maestro, Genealogía de la Literatura, 2012, pp. 60-61.



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Bibliografía




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