Origen de la Literatura

Glosario


Sabemos decir muchas mentiras con apariencia de verdades; 
y sabemos, cuando queremos, proclamar la verdad…
Las Musas a Hesíodo (Teogonía, vv. 26-29)



Miguel Carbonell*
Antes de adentrarse en una genealogía de los materiales literarios, y explicar así el origen de la literatura, es necesario referirse, en primer lugar, al concepto de espacio antropológico, que, propuesto por el filósofo Gustavo Bueno (1978), utilizaré aquí como punto de partida para fundamentar la explicación sobre los orígenes de la literatura.
El espacio antropológico es el lugar en el que se sitúan, organizan y codifican, los materiales antropológicos. La Literatura es uno de estos materiales, puesto que es una construcción humana, resulta de operaciones racionales humanas, y desde sus orígenes hasta nuestros días se ha desplegado siempre en alianza con el racionalismo humano. La Literatura siempre brota de la razón humana, incluso cuando finge simular la reconstrucción de un supuesto, hipotético o retórico, mundo irracional, siempre extraordinariamente sofisticado, atractivo y seductor. Es curioso que lo irracional se manifieste siempre a la sensibilidad humana a través de formas singularmente embellecidas, estimulantes o, en el más común de los casos, fascinadoras. Pero siempre a través de formas cuidadosamente complejas, que son resultado, sin duda, de la más sofisticada razón. El inconsciente es la obra mejor diseñada del racionalismo humano. Freud sólo tuvo que darle forma retórica en sus ensayos, que, a juicio de quien escribe estas líneas, constituyen las mejores novelas del siglo XX.
Siguiendo —como se verá, con ciertas modificaciones— a Bueno (1978), en el espacio antropológico es posible distinguir tres ejes: 1) eje circular o humano: designa las relaciones entre los seres humanos, dadas en una sociedad natural o preestatal (una tribu), en una sociedad política (Estado), o en una sociedad post-estatal, gentilicia o gremial (una mafia, una multinacional, un paraíso fiscal, un Estado como el Vaticano, una organización religiosa o terrorista transnacional, etc.); 2) eje radial o de la naturaleza: se refiere a la relación que el ser humano mantiene con entidades inanimadas pertenecientes a la naturaleza (minerales, agua, flora, fuentes de energía, etc.); y 3) eje angular o religioso: apela a las relaciones del ser humano con referentes religiosos, sean numinosos (animales), mitológicos (divinidades antropomorfas) o teológicos (una religión articulada filosóficamente, desde un racionalismo idealista, como el Catolicismo, por ejemplo).
En consecuencia, puede afirmarse que la literatura, desde el punto de vista del eje circular, sólo existe como tal en las sociedades políticas organizadas como Estado, donde las relaciones políticas entre sus miembros han hecho posible una relación entre autores, obras, lectores e intérpretes o transductores (editores, críticos, profesores, agentes mercantiles, etc…) De acuerdo con el eje radial, la literatura ha experimentado evoluciones decisivas, poniendo al servicio de su difusión todo tipo de soportes que la evolución tecnológica y científica ha hecho posible, desde la oralidad hasta el disco compacto, pasando por la litografía, las tablillas de cera, el papiro, el pergamino, el papel y la imprenta, y actualmente los diversos soportes informáticos, desde el pdf hasta el libro electrónico. Por último, desde el punto de vista del eje angular, la fuerza de la razón, a través de disciplinas como la Filología (Valla, 1440)[1] y la Filosofía (Spinoza, 1670), ha permitido discutir, y negar completamente, el estatuto de sacralidad que determinadas escrituras o textos, particularmente los más primitivos escritos de temática religiosa, como los libros veterotestamentarios, por ejemplo, se arrogaban de forma exclusiva y excluyente.
El planteamiento que aquí se expone, basado en el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, sostiene la triple tesis de que 1) la Literatura nace en el eje angular, es decir, en el contexto de un conjunto de conocimientos propios de culturas no desarrolladas todavía racionalmente, y que basan sus saberes en el mito, la magia, la religión y la técnica; 2) que la Literatura se desarrolla según la expansión radial de los materiales literarios, es decir, de acuerdo con la aplicación racional y científica que hace posible construir soportes de difusión y comunicación literaria cada vez más sofisticados, desde la piedra o el papiro hasta la imprenta o la edición electrónica; y 3) que la Literatura alcanza su máxima dimensión en el eje circular, es decir, en aquel espacio en el que los seres humanos actúan, esto es, operan, como autores, lectores e intérpretes o transductores (editores, críticos, promotores, difusores, filólogos, etc.) de los materiales literarios.
En consecuencia, se distinguirán tres estados fundamentales en los que se objetiva una Genealogía de la Literatura, relativos 1) al origen de la Literatura, cuyo núcleo estaría como génesis en el eje angular (conocimientos irracionales de las culturas bárbaras); 2) a la expansión tecnológica y científica de los materiales literarios, dada sobre todo en el eje radial, y cuyo cuerpo estaría constituido histórica y estructuralmente por lo que es una Ontología de la Literatura; y 3) al cierre categorial de los materiales literarios, es decir, a la constitución de una Gnoseología de la Literatura, que daría cuenta de las diferentes posibilidades de interpretar formalmente los materiales literarios (autor, obra, lector e intérprete o transductor), y cuyo curso sólo puede apreciarse con plenitud en el contexto del eje circular del espacio antropológico, donde el poder de determinadas instituciones políticas, esto es, dadas en una sociedad política o Estado, es determinante (Academia, Universidad, editoriales, prensa, teatros, Ministerios de Cultura, Institutos de investigación, etc...)
En este esquema puede observarse la contextualización metodológica que aquí se propone para una Genealogía de la Literatura, tal como se desarrolla a lo largo del presente libro.


Contextualización metodológica de una Genealogía de la Literatura


Espacio
Antropológico


Esencias
plotinianas

Estadios
metodológicos

Filogénesis de los
materiales literarios

Genealogía
de la Literatura



Eje Angular



Núcleo


Génesis

Mito, magia, religión,
técnicas de oralidad
y de escritura…

Origen o nacimiento
de la
Literatura



Eje Radial



Cuerpo


Ontología

Litografías, tablillas,
papiros, códices,
imprenta, informática…

Expansión radial
de los
materiales literarios



Eje Circular



Curso


Gnoseología

Autor, obra, lector
e intérprete o
transductor

Cierre categorial
de los
materiales literarios



La Genealogía de la Literatura se expone aquí en un contexto paralelo a lo largo de cinco órdenes o ámbitos coordinados entre sí: 
1) el espacio antropológico, con sus ejes angular o religioso, radial o de la naturaleza y circular o político; 
2) las esencias plotinianas, desde las que se conciben los materiales literarios como elementos de una misma familia o tronco, en cuyo conjunto esencial es posible distinguir un núcleo genético, un cuerpo estructural y un curso evolutivo o histórico; 
3) los estadios metodológicos que, a partir de un momento inicial o de génesis, disponen el examen de los materiales literarios atendiendo, en primer lugar, a su constitución de hecho (Ontología), y, en segundo lugar, a la construcción de sus interpretaciones lógico-formales y lógico-materiales (Gnoseología); 
4) a la filogénesis de los materiales literarios, desde sus configuraciones más primigenias y primitivas, en torno al mito, la magia, la religión y las técnicas de la oralidad y la incipiente escritura, pasando por su desarrollo tecnológico a lo largo de la Historia de la Humanidad (litografías, tablillas de cera o arcilla, papiros, pergaminos, códices, imprenta, libro, pdf, libro informático, soportes electrónicos…), hasta desembocar en la constitución moderna y contemporánea de los cuatro materiales literarios fundamentales (autor, obra, lector e intérprete o transductor). La integración en paralelo de estos cuatro dominios culmina en 
5) una Genealogía de la Literatura, desde la que es posible reconocer y examinar, en primer lugar, el origen o nacimiento angular y nuclear de la Literatura, esto es, su Génesis; en segundo lugar, la expansión radial de los materiales literarios, en un cuerpo que, de facto, constituye su Ontología literaria, abierta tecnológicamente a lo largo de la Historia; y en tercer lugar, el cierre categorial de esos materiales literarios, que se produce en el eje circular o humano del espacio antropológico, como consecuencia de la culminación del curso histórico y su evolución, así como de la constitución de las formas metodológicas de interpretación que hacen posible e inteligible su operatividad en las figuras del autor, la obra, el lector y el intérprete o transductor.
A partir de estas premisas, procedo a exponer la presente Genealogía de la Literatura.



Términos relacionados





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Ejemplos literarios o documentales






5
Genealogía de la Literatura
(primera parte)



Origen, concepción y génesis de la Literatura 



Bibliografía
  • Véase la sección correspondiente AQUÍ.








[*] Miguel Carbonell i Selva (1854-1896), Musa calmando la tempestad o Safo arrojándose al mar, óleo sobre lienzo, 250 x 170 cm, firmado, 1881 (en dep. en el Ministerio de Cultura, Madrid).

[1] El gran triunfo en esa primera intervención racionalista del material histórico fue el descubrimiento del fraude de la supuesta “Donación de Constantino”, según la cual el emperador había entregado al papa Silvestre y a sus sucesores la autoridad sobre Roma y todo el Imperio de Occidente. Lorenzo Valla (1407-1457), humanista al servicio del rey de Nápoles (enfrentado a las pretensiones políticas del papado), descubrió la superchería mediante una demoledora crítica interna del documento, mostrando su anacronismo respecto al latín del siglo IV y sus errores e inexactitudes gramaticales, jurídicas, geográficas y cronológicas. De hecho ―como señala Moradiellos (2001)―, se trataba de una burda falsificación del siglo VIII que había servido para inducir a Pepino el Breve a reconocer la soberanía territorial del Papa. No cabe minusvalorar la importancia de estos hechos: por vez primera, la crítica documental lograba una verdad histórica, aunque fuese negativa, demostrando el carácter fraudulento de unos documentos; es decir, se destituía a los mismos de su condición de reliquia histórica. Y en este sentido, es justa la afirmación de que Petrarca y Valla son “padres fundadores de la erudición histórica moderna” (Moradiellos, 2001: 133). Sobre el hallazgo de Valla, vid. Kelly (1970, 1991).


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