Moral / Ética

Glosario


La Moral es, junto con la Ideología y la Doxografía, una de las formas fundamentales de degradación, adulteración o deturpación de la crítica literaria.


Antonio López, Araña Tigre (CC-BY 2.0)
Moral es el conjunto de normas destinadas a preservar de forma organizada la cohesión de un grupo. No se puede considerar científica la teoría literaria ejercida con fines morales, cuyo objetivo es la conservación invariable y acrítica de los ideales de un determinado gremio o escuela pseudoacadémica. El feminismo incurre positivamente en este imperativo, con más énfasis tal vez que ninguna otra “teoría literaria” del presente[1].
Con el fin de desterrar mediante criterios científicos la interpretación moral de la interpretación literaria, el Materialismo Filosófico distingue entre ética y moral, de acuerdo con la lógica de clases atributivas y distributivas, que equivale a distinguir respectivamente entre disociación y separación (actualización de la distinción de los escolásticos entre “distinción real” y “distinción formal”)[2]. Dos realidades son separables cuando pueden distanciarse e incomunicarse una de otra, esto es, cuando forman parte de una totalidad distributiva. Dos realidades son disociables cuando no pueden distanciarse e incomunicarse entre sí, y cuando además cada una de ellas conserva siempre sus propias relaciones con otras realidades, es decir, cuando forman parte de una totalidad atributiva organizada en symploké (Bueno, 1970, 1996).
Ética y Moral son, pues, inseparables, pero disociables, porque responden a leyes distintas: el individuo no es separable del grupo, pero sí disociable de él. La ética no se define por el origen de la fuerza de obligación (que emana del grupo, del número de los individuos, es decir, de la moral), sino por el objetivo de la norma ética, algo mucho más positivo que el origen especulativo de la fuerza de obligación. Las normas éticas, por su objetivo, se caracterizan porque son normas dirigidas a la preservación de la vida de los seres humanos, al margen de cualesquiera diferencias a posteriori (raza, nacionalidad, sexo, edad...) Desde este punto de vista, los delitos éticos mayores son el suicidio y el homicidio, incluyendo el martirio como una de las formas de suicidio autorizada por las religiones, y la guerra como una de las formas de homicidio legalizada por las democracias.
La moral, como hemos dicho, siguiendo a Bueno, designa el conjunto de normas destinadas a preservar la cohesión del grupo, y no la vida de los seres humanos, sino la unidad del gremio, cuya expresión más inmediata puede ser la pareja (matrimonio), la familia, el clan, el pueblo, la nación, y también una empresa, una organización terrorista, o un grupo mafioso, así como sectas, iglesias, congregaciones religiosas o gremios académicos, etc., y su expresión más amplia y compleja es, de hecho, el Estado. Los individuos están siempre incluidos en un grupo, y esto es lo que precisamente da lugar a un orden moral, cuyas normas tienen el objetivo de mantener la estructura o cohesión del gremio, cualquiera que sea.
Por esta razón las normas éticas (defensa de la vida humana) y las normas morales (defensa de la unidad del grupo) están en conflicto, e incluso pueden llegar a ser incompatibles entre sí. La ética es autónoma, se da en la conciencia del sujeto, y no requiere un ordenamiento jurídico para existir (vemos a alguien que está herido y tratamos de ayudarle). La moral es heterónoma, porque la fuerza de la obligación se impone desde fuera, desde un ordenamiento jurídico establecido por un grupo o sociedad que nos induce a comportarnos de un modo determinado. Los derechos humanos, tal como se han desarrollado tras la II Guerra Mundial, son derechos éticos. Representan un triunfo de la ética sobre la moral. Y constituyen un instrumento ideológico utilísimo. Los idealistas y los demagogos creen y hacen creer respectivamente que si se aplicaran los derechos humanos en todo el mundo se resolverían todos los problemas. Esta aplicación es imposible. Para implantar estos derechos humanos en todo el mundo habría que suprimir todos los Estados, desde el momento en que los estados representan sistemas morales, normas destinadas a la preservación de grandes grupos y sociedades humanas, que casi siempre están en conflicto con los sistemas éticos en que se objetivan los derechos humanos. Y es que los derechos humanos no se aplican porque no se pueden aplicar materialmente, porque es imposible. Ya es un logro enorme que hayan sido aceptados, al menos teóricamente, por muchos Estados. Su contenido no es nuevo, pues ya era defendido por la ética socrática o la ética cristiana. Considerar que los derechos humanos resuelven todo si los aceptamos todos es lo mismo que creer que si todos nos hacemos cristianos, o socialistas, o aristócratas, o jacobinos, o anarquistas, o islamistas, o feministas, o nacionalistas, llegará la paz perpetua y seremos felices.
Es el ideal de diálogo de Habermas, de la posmodernidad y de otras mitologías por el estilo. Son —en palabras de Bueno (2006)— “ideas para distraerse” colectivamente, con frecuencia con fines terapéuticos. Es una forma de desentenderse de las cuestiones ontológicas, es decir, de la realidad. La ética tiene importancia y eficacia si está vinculada a la ontología, es decir, a la realidad de los hechos, pues en caso contrario es una mera receta, un puro formalismo ilusorio. En suma, no se puede presentar como científica una teoría literaria ejercida desde la Moral, para mantener la cohesión ideológica de un gremio, por muy académico que sea, porque el resultado no será una interpretación literaria, sino ideológica, y el gremio no será académico entonces, sino pseudoacadémico o babélico; ni tampoco se puede ejercer la crítica literaria desde la Ética, con el fin de preservar la vida de los seres humanos, por decisiva que la vida es, porque el objetivo de la Teoría de la Literatura es el conocimiento científico de los materiales literarios, y no la curación de las enfermedades, que es uno de los fines de la Medicina, ni el premio a los seres solidarios o virtuosos, que es respectivamente la propaganda compensatoria de la teología secular de los Estados posmodernos y de la religión cristiana a lo largo de sus diferentes manifestaciones históricas.



Términos relacionados




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Ejemplos literarios o documentales




Bibliografía

  • Véase la sección correspondiente AQUÍ.


1

Postulados fundamentales de la Teoría de la Literatura
(primera parte)


Una Teoría de la Literatura 
Racionalista y Crítica: 
contra la Doxografía, la Ideología y la Moral / Ética





[1] Feminismos y nacionalismos se han convertido en los fundamentalismos más respetados, por temidos, de nuestro mundo contemporáneo. Por más que la presumen, nada de izquierda solidaria hay en ellos. Marcan ante todo la diferencia y la frontera, la discriminación y la desigualdad. Hablan, además, como quien dispone de poder para hacer daño. Desean para sí la superioridad de la que han de carecer los demás. Quien vive solo o sola vive una vida de ficción. La vida real no es una isla habitada por Robinson Crusoe. Todo nacionalismo, es decir, todo egoísmo colectivo, es un nacionalismo fabuloso. El siglo XX se cierra con la desvertebración más lamentable del pensamiento izquierdista (Bueno, 2003; González Cortés, 2007). Cualquier tiempo pasado fue mejor. La izquierda ha perdido la vanguardia de las ideas contemporáneas. Durante décadas, ser de izquierdas era, popularmente, ser progresista: confiar en el futuro, desarrollar ideas que los prejuicios de otros grupos sociales prohibían desarrollar. En todas las épocas el futuro está, por naturaleza, en las personas jóvenes. La juventud es lo único que hace cambiar la realidad. Ningún imperativo más marxista que este. La vejez es, por naturaleza, conservadora. Chomski es hoy un hombre jubilado, un viejo ciudadano estadounidense. Saramago, un Premio Nobel (con esto está dicho todo), nunca ocultó sus simpatías por el estalinismo. Walter Benjamin, Bertoldt Brecht, Herbert Marcuse, Theodor Adorno... Todos están muertos. De hecho, la “izquierda” es hoy un discurso indefinido. En el mejor de los casos, en el ejercicio de la política institucional, suele ser una forma cuyos contenidos pertenecen a la derecha.

[2] Así, por ejemplo, los días son inseparables de la semana, pero disociables de ella. Para una explicación más detallada de estos criterios, vid. las referencias a la symploké, en la exposición de los postulados del Materialismo Filosófico como teoría literaria. En todos los supuestos aducidos, vid. siempre la obra de Bueno El sentido de la vida. Seis lecturas de filosofía moral (1996, 2006).


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