Ideología

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La Ideología es, junto con la Teología, las Pseudociencias y la Tecnología, uno de los más poderosos saberes acríticos de las sociedades civilizadas organizadas políticamente como Estado.

Junto con la Doxografía y la Moral, la Ideología es también una de las formas fundamentales de degradación, adulteración o deturpación de la crítica literaria.

Karl Marx en 1875
Ideología es todo discurso basado en creencias, apariencias o fenomenologías, constitutivo de un mundo social, histórico y político, cuyos contenidos materiales están determinados básicamente por estos tres tipos de intereses prácticos inmediatos, identificables con un gremio o grupo social, y cuyas formas objetivas son resultado de una sofística, enfrentada a un saber crítico (ciencia o filosofía). La ideología incurre siempre en la deformación aberrante del pensamiento crítico, y por eso se enfrenta de este modo con la ciencia y con la filosofía. En efecto, una de las primeras transformaciones históricas que provoca el desarrollo del conocimiento científico es la crítica y la disolución del pensamiento mítico. 
Aún así, las cenizas de los mecanismos que generan los mitos sobreviven en las sociedades modernas y contemporáneas a la crítica de la razón —pura y práctica— bajo la forma y el contenido de las ideologías. Las ideologías son siempre plurales. Remiten en cada caso a una pluralidad en la que de alguna manera todas están implicadas. No hay civilización sin ideologías. Es una ficción hablar de una única ideología, como es una ficción hablar de un pensamiento único[1]. Las ideologías son representaciones organizadas lógicamente, capaces de expresar el modo en que las personas viven, comunican e interpretan la realidad en que están insertas. Al igual que los mitos en las culturas bárbaras, las ideologías contribuyen en las culturas civilizadas a asegurar la cohesión del grupo social en función de unos intereses prácticos inmediatos, es decir, de unos intereses políticos decisivos (Bueno et al., 1987). Las ideologías incorporan materiales heterogéneos, desde los que disponen su propia justificación lógica —consecuencia del rigor impuesto por el desarrollo de los saberes críticos— ante las alternativas de otras ideologías opuestas y enfrentadas, a las que excluyen internamente y critican en público. Las ideologías asocian los Ideales (Libertad, Felicidad, Paz...) a las dimensiones psicológicas, lingüísticas, sociológicas..., del ser humano, y convierten en valores absolutos los resultados particulares y relativos que se derivan de tales asociaciones.
La idea de la filosofía marxista, según la cual en toda sociedad civilizada hay una ideología dominante que refleja las ideas de estos grupos sociales dominantes, los cuales se las arreglan para imponerlas al resto de la sociedad por procedimientos más o menos coactivos y sofisticados, es hoy día plenamente vigente. Desde la sociología del conocimiento de K. Mannheim (1929) se considera que toda ideología es un fenómeno psicológico, una deformación o error que sufre un individuo o grupo social en alguna dimensión de su pensamiento (Bueno, 1970, 1991, 1996, 1997). Algo así como un prejuicio o un conjunto sistemático de prejuicios bien organizados y justificados.
Como teoría literaria, el Materialismo Filosófico considera que toda ideología es una especie de engaño necesario e inconsciente, una deformación intencionada y total del pensamiento. La ciencia y la filosofía, en su ejercicio racional más estricto, confieren a la ideología un sentido crítico y negativo. Se acepta indudablemente que la ciencia y la filosofía no siempre están exentas de contaminaciones ideológicas, pero hay que afirmar rigurosamente que ninguna ideología puede identificarse nunca ni con la ciencia ni con la filosofía, disciplinas a las que aquella siempre reconoce como discursos críticos y subversivos de los intereses propios de una ideología contraria.
Se considera aquí que toda ideología es siempre una deformación aberrante del pensamiento crítico, cuya naturaleza es esencialmente científica o filosófica. Esta deformación del pensamiento crítico se advierte —de forma especial en la interpretación literaria— en dos irracionalismos fundamentales: el Idealismo y el Dogmatismo. El primero es una deformación semántica de la interpretación científica; el segundo, su imposición pragmática. Uno y otro son los dos pilares fundamentales de la crítica posmoderna (Maestro, 2004, 2006; Maestro y Enkvist, 2010).


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Ejemplos literarios o documentales

      → Bertolt Brecht, Piezas en un acto (Einakter, 1919-1939).
      → El mito de la poesía social: Gabriel Celaya.



Bibliografía

  • Véase la sección correspondiente AQUÍ.


1

Postulados fundamentales de la Teoría de la Literatura
(primera parte)


Una Teoría de la Literatura 
Racionalista y Crítica: 
contra la Doxografía, la Ideología y la Moral / Ética






[1] Un pensamiento único no es cuantificable como tal, por el mero hecho de que no sería perceptible como tal. Si solo hubiera un único discurso, no podríamos identificarlo. La unidad solo es visible, y por tanto factible, desde la pluralidad, como mínimo, de dos pensamientos. De este modo, un discurso puede percibir al otro como una unidad diferente de la suya propia, pero no como una exclusividad, es decir, no como una realidad única, porque en ese caso el otro carecería de la conciencia de ser diferente. A esta elementalísima lección de lógica de clases todavía no han llegado quienes creer discutir, desde su anomia particular, la existencia falaz de un supuesto y paradójico “pensamiento único”.


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