Racionalismo

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El Racionalismo es, junto con la Crítica, la Dialéctica, la Ciencia y la Symploké, uno de los cinco postulados fundamentales del Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura.


Baruch Spinoza (1632-1677)
En la interpretación de la literatura no se puede aceptar la existencia de ideas que desborden los límites de la razón humana. No se puede admitir la posibilidad de trabajar con ideas irracionales. Es irracional toda idea que, o bien provoca indefinidamente una suspensión en el juicio, es decir, que de forma constante inmoviliza al sujeto cognoscente en el escepticismo, o bien excluye soluciones, operaciones o interpretaciones racionales, aunque estas últimas resulten conflictivas, dialécticas o incompatibles entre sí. Las ideas son construcciones de la razón humana, están inmersas en el desarrollo de su propia historia, y ni sus orígenes ni sus consecuencias pueden situarse racionalmente fuera del espacio antropológico. No es posible dar por supuesta la esencia de algo —de la religión por ejemplo, esto es, de un dios, como núcleo esencial de ese algo—, si los saberes categoriales o científicos no pueden por sí mismos explicarla racionalmente, es decir, exponer de forma crítica, en qué se sustantiva esa esencia. 
En consecuencia, como advierte Bueno, no se puede aceptar nunca el uso de las ideas como principios a priori en los que encajar una realidad que las desborda. Desde este punto de vista, se impugnarán como inaceptables todas las interpretaciones místicas o teológicas dadas sobre las obras literarias, de las que Cervantes ha sido objeto con excesiva frecuencia, al considerar al Quijote como expresión de la filosofía nacional de España, como la Biblia de tal o cual ideología, etc.; al igual que cualesquiera interpretaciones míticas de personajes emblemáticos: don Quijote como símbolo de la libertad, la paz o la solidaridad[1]. 
Este tipo de análisis literario es una simple visión metafísica, en el que se proyecta el psicologismo, la ideología, o simplemente el irracionalismo, de determinados grupos o individuos. El materialismo no puede aceptar que supuestas ideas metafísicas, propuestas por cualesquiera lectores, por muy autorizados, célebres o modélicos que estos sean, sustituyan ontológica y formalmente a la obra literaria y a su texto. Las interpretaciones teológicas o místicas de la literatura, saturadas de emociones trascendentes, no nos informan acerca de las obras literarias, sino acerca de las personas y sujetos que dicen interpretarlas para nosotros. Todas las ideas metafísicas actúan causalmente a través de ideas corpóreas y operatorias, que siempre son manejadas por los intérpretes del material literario. La literatura es un conjunto de materiales racionalmente inteligibles, porque son obra de la razón humana y porque por ello mismo exigen una interpretación humana y normativa. No se puede hacer crítica literaria sin criterios, es decir, al margen de la razón.
Y ha de insistirse en que la razón es aquella facultad humana que permite construir criterios cuyo fin es interpretar la realidad de forma compartida. La razón es, pues, una facultad constituyente de criterios capaces de construir, comunicar e interpretar, una realidad compartida, por supuesto socialmente, y siempre de forma sistemática, causal y lógica. El egoísmo colectivo que pretende negar ―gremial o individualmente― esta realidad compartida, emulsionarla y descoyuntarla, a la que de forma real y efectiva nadie puede sustraerse ni negarse, si no es por la puerta de la locura, el irracionalismo y la utopía, encuentra en la posmodernidad contemporánea una de sus más intensas manifestaciones.


Términos relacionados





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Ejemplos literarios o documentales

       Fedro, “Esopo y el aldeano” (Fábulas III, 3).
      → Hipatia de Alejandría.
      → Spinoza: idea de “autor”. Nota sobre el Orlando furioso (1532) de Ariosto.
      → Vicente Aleixandre, «Instante», Espadas como labios, 1932.
      → Maestro: Sobre el estado actual de las teorías literarias.



Bibliografía


  • Véase la sección correspondiente AQUÍ.




1

Postulados fundamentales de la Teoría de la Literatura
(primera parte)


Una Teoría de la Literatura 
Racionalista y Crítica: 
contra la Doxografía, la Ideología y la Moral / Ética








[1] Desde esta perspectiva se puede desmontar, discutir y rechazar toda una serie de interpretaciones estultas y metafísicas que históricamente, y de nuevo en nuestros días, se reiteran sobre qué significa don Quijote para un lector del siglo XXI. Ontológicamente, don Quijote es un material literario creado por Cervantes en 1605-1615, en la novela que lleva su nombre. Los materiales literarios de que está formado hacen de él un personaje literario, interpretable desde los ejes sintáctico, semántico y pragmático del espacio semiológico. Hasta aquí, lo evidente. Una etapa de la interpretación trascendente comienza cuando se advierte que don Quijote, como material literario, se convierte en una estructura que desborda su génesis, es decir, se advierte cómo históricamente desarrolla un cuerpo muy superior a su núcleo. Tal es su potencia como personaje novelesco y como material literario. Así, nacido de los materiales literarios creados por Cervantes en 1605-1615, don Quijote se ha convertido en un material pictórico, escultórico, folclórico, histórico y geográfico, etc., e incluso médico (las autopsias psicoanalíticas que han hecho, o más bien tratado de hacer, algunos médicos con don Quijote son memorables...) Hasta aquí, la física. Metafísicamente, las interpretaciones de don Quijote renacen en nuestros días. Cuando esta estructura, don Quijote como material literario, que ha desbordado a lo largo de 400 años su génesis cervantina, se interpreta desligándose del núcleo, es decir, cuando se interpreta al margen de su material literario genético, primigenio, entonces sucede que se desvertebra de su cuerpo, sale de su cuerpo material y... (claro está) sube a los cielos: se hace metafísica, se hipostasía, se transubstancializa, y acaba por interpretarse desde un limbo. En lugar de hacerse forma y materia, lo que ya es, se hace mito, tótem, fetiche. Es un disparate equivalente al de concebir un hígado que metaboliza proteínas al margen del aparato digestivo, es decir, desposeído de toda vinculación con una realidad material de la que es funcionalmente inseparable. Don Quijote se convierte así en el dios de una teología literaria, o ni siquiera literaria, que puede ser de signo marxista, católico, protestante, posmoderno, feminista, culturalista..., porque cualquier fundamento sirve con tal que sea Monista o esté reducido a un único término. El resultado es todo menos interpretación literaria, científica, crítica o dialéctica, todo menos racionalismo. 


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